El desarrollo sostenible del sector apícola de un país y la seguridad alimentaria de sus ciudadanos son dos factores cuya interdependencia es innegable.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación  (FAO, 2018), más del 75% de los cultivos agrícolas destinados al consumo humano dependen de la polinización de insectos y otros animales.

Pese a ello, quienes han hecho de ésta la base de su actividad productiva —agricultores y apicultores— muchas veces carecen de las herramientas necesarias para promover y velar por tan relevante servicio ecosistémico.

Profesionalizar al sector apícola latinoamericano es urgente. Ante el vacío de preparación formal, numerosas asociaciones de apicultores, instituciones públicas, universitarias e, incluso, apicultores individuales se organizan para acceder a cursos de actualización sobre sanidad y buenas prácticas.

Sin embargo, son insuficientes los mecanismos que avalen la pertinencia de quienes imparten estas capacitaciones y los contenidos que se entregan.

Para enfrentar este desafío, es necesario contar con instituciones que certifiquen el contenido técnico que se difunde, asegurando que se trasmitan de manera adecuada los resultados de la ciencia a apicultores, técnicos y decisores vinculados a la actividad. Esto, en aras de evitar que se implementen acciones erradas o que las propuestas no logren el alcance esperado.

La falta de formación dirigida a la base productiva explica que persistan prácticas apícolas empíricas trasmitidas de generación en generación, carentes de argumentos científicos, obsoletas y no acordes con la apicultura moderna e intensiva que hoy se practica.

A pesar de intentos por conocer la masa de colmenas presente en Latinoamérica, el inventario de apicultores, apiarios y de las colmenas manejadas, no se ha logrado.

Las leyes, normas, resoluciones y directrices que rigen el desarrollo armónico del sector son insuficientes, Conducen a territorios sobreexplotados unos y subexplotados otros, aumentando el riesgo sanitario para las abejas, factores todos que limitan proyectar la gestión sanitaria con una visión preventiva.

Escasos registros productivos y sanitarios impiden análisis económicos y sanitarios objetivos y limitan la proyección de programas contra-epidémicos, A esto se suma la insuficiencia de laboratorios que corroboren  —sin altos costos— el diagnóstico de las enfermedades que afectan a las abejas.

Todas estas actividades demandan la formación de capital humano especializado para asesorar, orientar y fiscalizar las directivas trazadas, además de implementar los resultados obtenidos por la ciencia.

Paradójicamente, son pocas las instituciones académicas que dentro de su contenido curricular incluyen la formación de profesionales, técnicos y obreros calificados en esta rama, incluyendo veterinarios, agrónomos, ecólogos, biólogos, farmacólogos e ingenieros industriales, entre otros.

Especialistas que, una vez graduados y empoderados en cargos de dirección afines con el sector apícola promuevan —con una mirada holística— políticas públicas que favorezcan estrategias locales o de mayor alcance territorial para el desarrollo sostenible de la actividad.

Con capacitaciones a apicultores basadas en los resultados de monitoreos y en evidencia científica, Salud Apícola 2020 LatAm busca contribuir a una apicultura más profesional. Para apoyar esta iniciativa, hemos contado con la integración de la Asociación de Médicos Veterinarios de Cuba. En este boletín, podrán leer de qué forma estamos trabajando con apicultores de Latinoamérica, aportando nuevos enfoques para avanzar en este camino.

 

“Profesionalizar al sector apícola latinoamericano es urgente. La falta de formación dirigida a la base productiva explica que persistan prácticas apícolas empíricas trasmitidas de generación en generación, carentes de argumentos científicos, obsoletas y no acordes con la apicultura moderna e intensiva que hoy se practica”.

 

Marnix Doorn

Mayda Verde

Médico veterinaria e investigadora

Salud Apícola 2020 LatAm