31 apicultores de las comunas de Lampa, San José de Maipo y Pirque en la región Metropolitana, fueron capacitados durante casi un año para mejorar sus prácticas productivas y sanitarias.

Antes y después de realizar las capacitaciones, se calificó con puntos la gestión sanitaria seguida por los apicultores. Los resultados fueron notables: el puntaje promedio de los aspectos evaluados subió de 48,9 a 78,8 lo que indica que incorporaron y aplicaron los conocimientos adquiridos.

El pasado 18 de diciembre se llevó a cabo el cierre del proceso de capacitaciones efectuadas en Chile, en el marco del proyecto Salud Apícola 2020 Latam liderado por Fraunhofer Chile Research con el apoyo del Bayer Bee Care Center de Alemania.

La iniciativa tiene como propósito conocer y abordar el origen multifactorial de la pérdida de la salud en las poblaciones de abejas y a su vez, dotar a los apicultores de herramientas que les permitan identificar el riesgo sanitario en el proceso productivo, para lograr prevenir las enfermedades, alcanzar mayores rendimientos y obtener producciones limpias.

Para ello, entre agosto de 2017 y julio de 2018 se realizaron diversas actividades en que participaron 31 apicultores de la Región Metropolitana, las que incluyeron una evaluación inicial, 8 capacitaciones en diversos temas de salud apícola con un enfoque preventivo, clases prácticas en  apiarios y desinfección del material apícola, concluyendo con una evaluación final conjunta.

“Buscamos presentarles una visión de medicina preventiva, para favorecer la salud de las abejas. En este contexto, abordamos los diversos factores que determinan la salud o el curso de la enfermedad, los agentes etiológicos que puedan estar presentes, la importancia de la calidad genética y sanitaria de la abeja reina y las buenas prácticas de producción”, destacó Mayda Verde, investigadora de Fraunhofer Chile Research.

Experiencias y aprendizaje

Flor Villalobos, dirigente del grupo de apicultores de Pirque, afirmó que esta capacitación le entregó otra perspectiva para mirar sus colmenas. “Antes uno se guiaba por lo que le decían los (apicultores) más viejos, pero las abejas han ido cambiando y las enfermedades también. A veces uno hacía las cosas mal y no lo sabía. En cambio, ahora sé revisar mis colmenas, identificar signos de enfermedades o problemas y solucionarlos”, destacó.

Por su parte Benjamín García, apicultor de Lampa, explicó que ahora pueden desarrollar una producción más limpia y orgánica, reduciendo al mínimo el uso de productos químicos gracias a una mejor sanidad de las colmenas. “Cuando renuevas la cámara de cría y desinfectas el cajón, las abejas pueden trabajar mucho más rápido. La apicultura es una ganadería, entonces si uno no le da las condiciones adecuadas, el animal no trabaja”, señaló al tiempo que agregó que antes sacaban 300 kilos de miel de 150 colmenas y al mejorar las prácticas, el año pasado sacaron 2 toneladas de miel de 90 colmenas.

Mayda Verde concluyó que es importante que los apicultores puedan incorporar aspectos sanitarios y de prevención de plagas y enfermedades. Para ello, deben ahondar en el conocimiento sobre las buenas prácticas de producción y manufactura y las brechas sanitarias en cada punto del proceso productivo.

También recomendó fomentar la asociatividad para enfrentar los problemas sanitarios y lograr un crecimiento conjunto de las producciones apícolas y agrícolas. “De este modo, se podrá alcanzar la calidad, inocuidad y trazabilidad que exige el mercado de los alimentos en la actualidad”, destacó.

Aspectos evaluados

En primer lugar, se verificó la presencia o ausencia de residuos y materiales nuevos o usados en el apiario, tales como cera, panales obrados, pupas o abejas muertas frente a las piqueras, residuos de tratamientos varroicidas u otros. Además, se evaluó que las colmenas estuvieran separadas al menos 1 metro entre sí, ubicadas sobre soportes individuales y en un terreno sin malezas.

A continuación, se evaluó el estado del material apícola, población de la colmena, las reservas de alimentos y el acceso al agua para las abejas. También se observó la presencia de signos clínicos de enfermedades infecto-contagiosas en crías y adultas, se tomaron muestras para medir las tasas de infestación por Varroa destructor. y si en las colmenas o el apairio se mantenían residuos de tratamientos anteriores para el control de este ácaro.

Finalmente, se revisó el área de almacenaje de insumos apícolas en cuanto a limpieza, separación del material y riesgo de contaminación, concluyendo con la evaluación de la gestión realizada por el apicultor en el apiario en cuanto a registros, manejo e información sanitaria.