Una especialización en Apicultura dentro de la carrera de Medicina Veterinaria acelerará la profesionalización de esta rama agropecuaria y permitirá instrumentar estrategias de salud preventivas que generen producciones certificadas y competitivas por su calidad, inocuidad y trazabilidad.  


Dra. Mayda Verde

Médico veterinaria e investigadora
Salud Apícola 2020 LatAm

Las abejas melíferas (Apis mellifera), esos insectos que llegan a jardines, huertos y árboles frutales, son consideradas hoy indispensables para lograr la seguridad y soberanía alimentaria que requiere la humanidad.

Pero ellas no podrán conseguirlo solas. Para enfrentar este enorme desafío, es fundamental tener como aliados a médicos veterinarios formados y especializados en el estudio y control de las enfermedades que las afectan.

Manejada con colmenas modernas en sistemas intensivos, la apicultura asegura la polinización de 1/3 de los alimentos de la humanidad e interviene en la actividad polinizadora de, aproximadamente, 60% de los alimentos que forman parte de la cadena trófica del hombre, razón por la que se considera una rama agropecuaria estratégica para alcanzar la Seguridad Alimentaria comprometida en la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.

Pero, para que la polinización sea eficiente, existe una condición: buena salud de las colmenas que se utilizan con este fin.

Se trata de un desafío importante, considerando que la creciente demanda mundial de alimentos ha conducido a sistemas de producción agrícola cada vez más intensivos en busca de incrementos a corto plazo. Esto implica mayores concentraciones de especies, con riesgos sanitarios para plantas y animales, incluyendo a las abejas.

A lo anterior se suman factores ambientales y generados por la actividad humana (Fig. 1), los que tienen un impacto sobre la disponibilidad de recursos para las abejas y, por consiguiente, sobre su salud e integridad física.

Prevenir, detectar y controlar estos riesgos en el sector apícola, demanda  médicos veterinarios especializados y acreditados por las autoridades competentes, de modo que participen de manera plena en el esfuerzo de la estrategia “Una Salud”, inherente al perfil de esta carrera universitaria.

Abordar este desafío solo es posible con Servicios Veterinarios que dispongan de estructuras fortalecidas y respaldadas por especialistas, como establece la Organización Mundial de Sanidad Animal (ver recuadro), apoyados con regulaciones ambientales que protejan los ecosistemas en armonía con el desarrollo sostenible del sector. Son estos aspectos claves para realizar una gestión sanitaria eficiente, disponer de colmenas sanas y poder obtener producciones apícolas certificadas, en correspondencia con los parámetros de calidad e inocuidad que hoy se exigen.  

Contar con médicos veterinarios con una sólida formación en Apicultura no solo contribuye a reducir el impacto económico y productivo que significaría la pérdida de colmenas. También permite transferir a los apicultores conocimientos en buenas prácticas apícolas para alcanzar condiciones sanitarias que permitan ajustarse a las restricciones y exigencias del mercado respecto a los atributos de los alimentos que se comercializan. Este último aspecto  es esencial, dada la creciente interrelación de los alimentos de origen animal con la salud humana.

El médico veterinario se prepara de manera específica para evaluar el manejo de riesgos sanitarios y del bienestar animal, la bioseguridad y los elementos de la agroecología que se relacionan con la salud de la especie. Lleva sistemas de información y de vigilancia epidemiológica para asegurar la eficiencia económica del proceso productivo y de las medidas veterinarias aplicadas.

Es inherente a su formación profesional trabajar en conjunto con los apicultores para fortalecer los sistemas nacionales de prevención, diagnóstico de campo y de laboratorio. Contribuye además a determinar la calidad higiénica y sanitaria en todos los puntos de la cadena productiva, incluyendo la industria, y a buscar métodos más ágiles y prácticos para sociabilizar a los productores los resultados de las investigaciones, logrando así aportes prácticos con impacto productivo, ambiental y social.

Sin médicos veterinarios especializados y vinculados al sector apícola, la profesionalización del sector en su conjunto tomará más tiempo. Abordar los problemas sanitarios con rigor requiere de especialistas que instrumenten estrategias de salud preventivas, generando producciones aptas para el mercado, certificadas y competitivas por su calidad, inocuidad y trazabilidad.

 

 

Autoridad competente

Todos los países miembros de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) tienen designada una autoridad veterinaria u otra autoridad competente con la responsabilidad y capacidad de aplicar o de supervisar la aplicación de las medidas de protección de la sanidad y el bienestar de los animales, además de los procedimientos internacionales de certificación veterinaria y las demás normas y recomendaciones de la OIE.

Los cuatro países donde se ha implementado el proyecto Salud Apícola 2020 LatAm son miembros de la OIE. Estas sus autoridad competente en materia de sanidad animal:

Argentina: Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) y Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pescas y Alimentos (SAGPyA) 

Chile: Servicio Agrícola y Ganadero (SAG)
Colombia: Instituto Colombiano Agropecuario (ICA)

Costa Rica: Servicio Nacional de Salud Animal (SENASA)

 

Fuente: https://www.oie.int/es/enlaces/administraciones-nacionales/