Nuestros sistemas alimentarios y agrícolas dependen en innumerables formas de las plantas, animales y microorganismos que los componen y rodean. La biodiversidad, ­—tanto a nivel genético, como de especies y ecosistemas— es esencial para que agricultores, ganaderos, habitantes de los bosques, pescadores, piscicultores y apicultores produzcan alimentos y una gama de otros bienes y servicios en distintos entornos biofísicos y socioeconómicos.

Durante el primer año del proyecto Salud Apícola 2020 me han preguntado: ¿Por qué salud apícola? Justamente, porque la salud de las abejas es clave para nuestro sistema de producción agrícola y está relacionada fuertemente con la biodiversidad de los ecosistemas.

Un estudio de FAO[1] sobre la importancia de la biodiversidad para una producción agrícola sustentable concluye que falta conocimiento sobre la situación de los sistemas productivos en relación a la biodiversidad.

Un estudio de la FAO sobre el Estado de la Biodiversidad Mundial para la Alimentación y la Agricultura destaca que si bien en muchos países ésta muestra un declive, también se observa un creciente interés por adoptar prácticas “amigables con la biodiversidad” que ayuden a sustentar la agricultura y la alimentación.

“Adoptar prácticas de manejo que contribuyan a la salud de nuestras abejas y a la biodiversidad de nuestros ecosistemas nos permitirá avanzar hacia una producción sostenible de alimentos”.

Un ejemplo es la importancia de las abejas para la polinización de cultivos. En el foro de Bee Informed, Dan Wyns señala que los 117 millones de almendros que existen en California proveen el 82% de la producción mundial de almendras. Para polinizarlos, calcula, se usan 1.9 millones de colmenas, que representan casi 41 mil millones de abejas.

Como cada año se producen poco más de 835 mil millones de almendras ¡esto significa que con su trabajo de polinización cada abeja produce un puñado de 20 almendras!

Por eso, velar por su salud nos importa. A través de monitoreos en los países donde trabajamos, queremos contribuir al desarrollo del sector apícola con conocimiento, pero también con información que demuestre la importancia de formular políticas públicas que apoyen su desarrollo.

El resultado de los monitoreos también nos ayuda a diseñar metodologías de capacitación para territorios específicos y, al mismo tiempo, a tomar la experiencia de apicultores de distintas ubicaciones geográficas para trabajar en conjunto con el sector y aprovechar las múltiples oportunidades que tiene la apicultura para alcanzar importancia económica.

Al cumplir este primer año, agradecemos a los apicultores de Chile y Colombia por demostrar que a través de la colaboración se puede generar conocimiento importante y desarrollar metodologías de capacitación que cada vez son más eficaces.

En 2019 esperamos ampliar nuestra red a otros países para desarrollar una comunidad latinoamericana de intercambio y aprendizaje.

Estamos convencidos de que un diálogo estratégico basado en evidencia científica y levantado en colaboración con el mismo sector apícola es la única forma de aumentar la adopción de prácticas de manejo que contribuyan a la salud de nuestras abejas y  a la biodiversidad de nuestros ecosistemas. Lograrlo nos permitirá avanzar hacia una producción sostenible de alimentos.

[1] FAO. 2019. The State of the World’s Biodiversity for Food and Agriculture, J. Bélanger & D. Pilling (eds.). FAO Commission on Genetic Resources for Food and Agriculture Assessments. Rome. 572 pp. (http://www.fao.org/3/CA3129EN/CA3129EN.pdf) Licence: CC BY-NC-SA 3.0 IGO.

Marnix Doorn
Marnix Doorn
Director Salud Apícola 2020 LatAm